Algo para seguir contando
Vivimos en una sociedad donde la exposición en redes sociales se ha normalizado tanto que, a veces, parece que el valor o la alegría de vivir ciertas experiencias depende de mostrarlas públicamente. Pero, en realidad, muchas personas mantienen su felicidad, orgullo y amor en la intimidad, y eso es completamente válido. Proteger lo íntimo es una forma de respetar el espacio personal propio y el de quienes nos rodean, evitando la sobreexposición y preservando momentos que están destinados solo para nosotros. Esa privacidad puede fortalecer las relaciones y permitir que disfrutemos sin la presión de la mirada externa o las comparaciones. Quizás la dificultad para entenderlo viene de la cultura digital actual, que refleja mucho la necesidad de validación externa. Pero el verdadero amor y felicidad no requieren de una audiencia, solo de autenticidad y conexión real.